Sufrir para vencer

Hace unos días, en una de las ruedas de prensa de mi club, uno de los jugadores más nuevos nos preguntó qué cualidad creíamos que era la más importante para un jugador de rugby. Lo cierto es que cuando le ofreces a alguien empezar en este deporte casi todos te hablan del tamaño físico, sin embargo, en mi opinión, hay algo más importante que ser grande o fuerte para salir cada fin de semana al campo: la capacidad de sufrimiento.

En mis años como jugador he visto gente de todo tipo. Jugadores enormes que parece que hayan sido criados para jugar a esto, tipos delgados a los que parece que el más mínimo placaje vaya a partirlos por la mitad, jugadores rápidos, lentos, fuertes, altos… Coca Cola podría hacer un anuncio de esto. Sin embargo al final los que se quedaron por el camino son los que no fueron capaces de aguantar, los que miraban al placaje con recelo, los que dejaban de entrenar el martes por aquel golpe que volvía a dolerle una vez más. Grandes jugadores, rápidos, eléctricos, fuertes, duros, tocados por la mano del mismísimo William Webb Ellis que dejaron el césped porque dolía, porque entrenaron su fuerza, su resistencia, su velocidad, su flexibilidad, pero olvidaron entrenar su capacidad de aguante, su capacidad de sufrir.

En la vida, como en el rugby, las hostias vienen y van. Stallone decía en una de sus películas que “nadie golpea tan fuerte como la vida; pero no importa lo fuerte que puedas golpear, importa lo fuerte que pueda golpearte y seguir avanzando, lo mucho que puedas resistir y seguir adelante, ¡eso es lo que hacen los ganadores!” Y así es. Sabes que cada fin de semana van a golpearte, sabes que el lunes llegarás magullado y dolorido al trabajo, que te preguntarán que cuando vas a dejarlo, que por qué sigues haciendo eso. No lo entienden. Llegará el martes y tocará volver a entrenar, a recibir nuevos golpes, a caer al suelo de nuevo, a volver a ponerse en pie, y así, semana tras semana se irá repitiendo el mismo ciclo. Caer y levantarse. Luchar y avanzar.

Por mucho que yo ensalce sus valores, puesto que para mí el rugby es el mejor deporte que existe, esto es como los niños, que el más guapo siempre es el tuyo. Por eso, por mucho que ensalce sus valores, es innegable que en cada partido un jugador de rugby suele recibir, bien por acciones propias o bien por acciones del contrario, una gran cantidad de golpes, y por muy machitos que nos creamos no vamos a mentir, al día siguiente duele.

Pero es ahí donde radica una de los factores más bellos de este deporte, y es que, como dirían los argentinos, “el rugby es como la vida”. En la vida todos nos llevamos golpes, pero no queda otra que levantarte y seguir adelante y eso es lo primero que te enseña el rugby. El principal objetivo de este deporte es avanzar y ciertamente habrá quien se interponga en ese avance, quien en su afán por impedir que logres tu meta sea capaz de tirarte al suelo y pasarte por encima. ¿Os suena? Pero ahí estás tú, levantándote una vez más, mirando tus rodillas maltrechas, con esas heridas que semana tras semana se reabren en su roce contra el césped, poniéndote en pie, sacudiéndote el polvo y volviendo a la lucha.

 

Puedes tomarlo como metáfora de un día más en tu oficina, pero es cada domingo de mi vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *