A la melé

Un balón se cae, el tiempo casi se detiene mientras el público ahoga un suspiro y el árbitro hace sonar su silbato. Sus manos se unen llamando a la melé y ocho jugadores de cada equipo inician su andar, algunos incluso trotan, hacia el punto de la infracción. Paso lento, boca cerrada, concentración. Algunos los tildarían de vagos por su andar pesado. No lo entienden, no lo pueden entender.

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No lo pueden entender, esas palabras resuenan en mi cabeza y me transportan a tiempos pasados. No lo pueden entender, me dice mi entrenador mientras entramos contra el melier una y otra vez. Su mano señala a un grupo de jugadores lejano, sobre el césped. Corren, charlan y pasan el balón. No lo pueden entender.

Los jugadores van llegando al punto indicado por el árbitro. Como si de una coreografía ensayada se tratara se forman, los primeras líneas se agarran entre ellos mientras los segundas hincan la rodilla en el césped. Los terceras líneas se preparan mientras retan con la mirada a sus homólogos, listos para empujar, listos para correr en cuanto el balón abandone la formación. Y junto a ellos el medio de melé, intruso en este mundo, espera con el balón en las manos.

http://tornarugby.blogspot.com.es/2016/05/un-larga-agonia-el-rey-sin-espada-el.html

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Primeras, segundas, terceras, medio de melé. Posiciones que solo se entienden desde esta formación, fuera el rugby modernos los ha convertido en jugadores más o menos homogéneos, pero no en la melé. Lejos del debate sobre los cambios introducidos recientemente la melé fue, es y será la base de este deporte y nadie puede entender el rugby si no estuvo en la melé. Por muchos cambios que sufra esos “gordos”, a veces tildados de torpes, de lentos, se reinventan una y otra vez para volver a su lucha, a su trabajo silencioso.

El árbitro marca los tiempos de entrada y con un sonido indescriptible las dos delanteras se encajan con precisión milimétrica. La tensión es visible en cada uno de sus músculos, y el balón ni siquiera está en juego. La línea de tres cuartos observa, decide que va a hacer con el balón, un balón que aún no está en juego, sin embargo los delanteros ya están trabajando, sufriendo, empujando.

El número 9 se agacha, el balón entra al pasillo. Antiguamente lo habría hecho al centro, ya no. Antiguamente el talonador habría sacado su pie, ya no. La melé ha cambiado. La melé ya no es lo que era, dirá algún veterano, de aquellos que presumen de que en sus tiempos los placajes eran más duros, los contrarios más altos y la cerveza más fría. Y es verdad, la melé no es lo que era en la misma medida que el rugby tampoco lo es. El deporte avanza, y la melé lo hace con él, como lo hiciera la touche en los 90. Pero la melé sigue siendo una melé, diferente, más técnica, pero una melé.

La melé fue, es y seguirá siendo la esencia de este deporte. La melé es la máxima expresión del trabajo en equipo, de ocho jugadores que empujan como uno, del trabajo desinteresado, pues salvo algún afortunado número ocho, tercera centro para los de antes, el resto solo verán, con suerte, pasar el balón, de los valores que representan el rugby, quién la vivió lo sabe.

http://www.jotdown.es/2013/06/rugby-y-futbol-un-vano-ejercicio-de-etica-comparada/

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